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EDITORIAL
El problema son las prioridades: ¿Quiénes son los ciudadanos de primera en este país?

La gran polémica que se ha generado a lo largo y ancho del país en torno a la vacunación contra el Covid-19, que tuvo como punto de inflexión el pedido de renuncia del ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, por parte del presidente Alberto Fernández, reemplazado ahora por Carla Vizzoti, pone de manifiesto la corrupción, ineptitud y desidia que reina en la Argentina y que se replica en cada punto del país.

Si recurrimos al propio Ministerio de Salud a través de su página web –www.argentina.gob.ar/coronavirus/vacuna/prioridad– explica claramente el orden de prioridades establecido:

1- Personal de establecimientos de salud públicos y privados (de manera escalonada según el riesgo de su actividad; por ejemplo, quienes trabajan en unidades terapia intensiva o en guardias tienen una actividad más expuesta).
En total son aproximadamente 763 mil trabajadores.
2-Adultos mayores de 70 años y quienes viven en establecimientos geriátricos.
3- Adultos mayores de 60 años.
El total de adultos que son mayores de 60 o viven en geriátricos son aproximadamente 7.375.000.
4-Personal de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y de servicios penitenciarios.
El total de personal de las Fuerzas Armadas y de Seguridad es aproximadamente 500 mil.
5-Adultos de entre 18 y 59 años que presentan factores de riesgo.
Son personas diabéticas (insulinodependientes o no), con obesidad grado 2 (índice de masa corporal -IMC- mayor a 35) y grado 3 (IMC mayor a 40), con enfermedades cardiovasculares, renales o respiratorias crónicas.
El total es de aproximadamente 5.653.000 personas.
6-Personal docente y no docente de los niveles educativos inicial (jardín), primaria y secundaria).
El total es aproximadamente 1.300.000.
7-Otras poblaciones estratégicas que definan las jurisdicciones, habitantes de barrios populares, personas en situación de calle, pueblos originarios, personas privadas de libertad, migrantes.

Si seguimos los lineamientos planteados por el Ministerio, en la primera etapa, y contemplando el hecho de la escasez de vacunas que todavía se sostiene el día de hoy, sólo el personal de salud, y con prioridad, los más expuestos, debían ser los primeros en ser inoculados.

En nuestra ciudad, como en tantas otras, en esa famosa primera etapa, a la vacuna la recibió gente que no debía, ni bajo el marco legal ni bajo el marco moral, aunque se ensayen todo tipo de explicaciones.

En medio de una pandemia, cuyos efectos adversos finales conoceremos de acá a muchos años, en homenaje a los muertos y sus familiares y amigos, como así también a todos aquellos que han sufrido los efectos colaterales a nivel económico, laboral e incluso mental, nos debemos explicaciones.

Pero ante todo nos debemos respeto. En nuestro país el juego y marketing político, que algunos disfrazan de militancia, está devorando todo lo que encuentra a su paso y los ciudadanos estamos quedando en el medio.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, dijo Gramsci.

Esperemos que esos “monstruos” no se devoren todo lo que encuentren a su paso, y que tengamos la capacidad de construir algo mejor, con oportunidades y condiciones igualitarias para todos: para nuestros viejos, nuestros jóvenes y nuestros trabajadores, y no para los acomodados en el poder.

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