Personal administrativo, de mantenimiento y profesionales médicos del Instituto Médico del Oeste denuncian meses de sueldos y aguinaldos impagos, falta de aportes jubilatorios y un vaciamiento de personal que deja a los pacientes sin especialistas y a la institución al borde de la quiebra.

Frente a las puertas de la Clínica IMO (Instituto Médico del Oeste), ubicada sobre la calle Suipacha en la ciudad de Chivilcoy, el clima es de absoluta incertidumbre y desesperación. Trabajadores de todas las áreas se congregaron para hacer pública una situación que, según explican, no es nueva, sino el resultado de un deterioro que se profundiza desde el año pasado.
El reclamo principal se centra en la deuda salarial. Los empleados denuncian la deuda de tres aguinaldos, la falta de aportes jubilatorios y la interrupción del pago de la obra social desde el mes de noviembre. «Solo nos entregaron medio sueldo del mes de noviembre. Ayer a una de las chicas les respondieron que no van a pagar, que van a cerrar», relató una de las empleadas administrativas presentes en la protesta. Ante la falta de respuestas claras por parte de los directivos, cuya identidad los trabajadores dicen desconocer fehacientemente, la intriga sobre el futuro laboral es total: «Estamos con esa intriga de que no sabemos si seguimos con trabajo, no sabemos nada de eso».
La crisis no es solo financiera, sino también operativa y sanitaria. La atención se ha reducido a su mínima expresión. Actualmente, una sola enfermera cubre turnos de más de 16 horas, encargándose simultáneamente de la guardia, la internación y la terapia intensiva. La falta de especialistas es crítica; cuando los pacientes acuden por interconsultas con cirujanos o gastroenterólogos, se encuentran con una respuesta vacía. «Las caras visibles somos nosotros, porque somos nosotros los que tenemos que andar diciéndoles a los pacientes que no hay médicos. Los pacientes nos agreden a veces sin tener culpa alguna, porque los directivos no dan la cara», explicaron desde el personal.
El Dr. Galarza, profesional con 25 años de trayectoria en la institución, brindó un testimonio doloroso sobre el estado actual de la clínica en Chivilcoy. El médico denunció que se le adeudan seis meses de guardia, cuatro aguinaldos y dos meses y medio de sueldo. Según su visión, la clínica ha sufrido un proceso de degradación deliberado: «Esto fue un vaciamiento de personal progresivo a lo largo de estos dos años, aduciendo que no dan las condiciones económicas de la clínica para sostener ese personal». De una plantilla de 50 trabajadores, hoy apenas quedan 20.
Galarza también señaló la inviabilidad del modelo de gestión actual, basado exclusivamente en cápitas de PAMI que resultan insuficientes para sostener la estructura, sumado al constante desfile de profesionales que, ante la falta de pago, deciden no regresar. «Lo preocupante son ellos (los empleados), que realmente hay gente que no tiene para pagar el alquiler, no tienen para comer realmente», enfatizó el profesional.
La posibilidad de una salida negociada o la llegada de nuevos inversores parece lejana. Con alrededor de 30 juicios pendientes, el panorama legal de la clínica es un laberinto que ahuyenta cualquier intento de compra. Mientras tanto, el personal que aún resiste exige una definición. Muchos ya han optado por el camino legal, considerándose despedidos tras no recibir respuestas a sus cartas de renuncia y reclamos ante el Ministerio de Trabajo. «Queremos una respuesta a ver qué piensan hacer, si piensan seguir con las puertas cerradas, si piensan seguir trabajando, porque así no se puede trabajar», concluyeron los manifestantes.
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