Aunque Chivilcoy conserva importantes espacios verdes, la falta de forestación en algunas zonas y la tala que ha habido en algunas calles nos invitan a pensar y debatir el cuidado del arbolado público y el modelo de ciudad que queremos construir.

En el debate sobre cómo hacer ciudades más habitables, hay un tema que suele pasar desapercibido, aunque resulta fundamental para la calidad de vida de toda la comunidad: el arbolado público.
Las ciudades, en general, han crecido al ritmo de la modernización, muchas veces sin los controles ni la planificación necesarios, quedando el verde relegado en ese proceso. Calles cada vez más grises a causa de que hay más cemento y menos árboles, que tiene consecuencias profundas, aunque no siempre se perciben de inmediato.
Uno de los problemas más evidentes es el aumento de las temperaturas urbanas. El cemento y el asfalto almacenan muchas más veces el calor que el aire en un mismo volumen. Por eso, cuanto más “gris” es una ciudad, mayor es la probabilidad de atravesar jornadas de calor desmesurado, con noches que no refrescan, causando un impacto directo en la salud de la población.
En este contexto, los árboles cumplen un rol fundamental porque no solamente brindan sombra, incluso cuando no la proporcionan, ayudan a refrescar el ambiente a través de la transpiración, liberando vapor de agua a la atmósfera que los rodea. Este proceso contribuye a bajar la temperatura, aumentar la humedad y generar un entorno más saludable.

Los beneficios del arbolado urbano son múltiples y comprobables: más sombra, más humedad, ahorro energético (al reducir el uso de ventiladores y aires acondicionados) y un menor riesgo de golpes de calor, especialmente en niños, personas mayores y quienes trabajan al aire libre. Y a esto se suma un aspecto no menor: los árboles embellecen el espacio urbano, lo vuelven más amable y más habitable.
Por eso resulta tan interesante y necesario pensar en propuestas para reverdecer las ciudades. El arbolado urbano y los espacios verdes públicos son un componente especial para garantizar ciudades sostenibles. De hecho, hoy se los reconoce como infraestructura verde urbana, ya que proveen servicios esenciales para la salud humana y el ambiente, siendo además una de las inversiones más prácticas y económicamente viables para mejorar la calidad de vida en las ciudades.
Chivilcoy, afortunadamente, es una ciudad que cuenta con una importante presencia de verde, sobre todo en sus plazas, pero también en calles y avenidas. Sin embargo, también existen espacios verdes más nuevos que aún no cuentan con la forestación necesaria o las famosas «plazas secas». A esto se suman aceras que, con el paso del tiempo, han sufrido la tala de sus árboles, perdiendo no sólo los beneficios ambientales que estos brindan, sino también su atractivo visual y su armonía con el resto del entorno urbano.
Por todo esto, hablar de arbolado público no es sólo hablar del paisaje, sino que también es hablar de salud, de bienestar y de futuro. Es fundamental que la comunidad se mantenga alerta y participe activamente, para evitar decisiones que vayan en contra de los árboles y los espacios verdes.

Los árboles no solo embellecen las ciudades: regulan la temperatura, cuidan la salud y hacen más amable la vida cotidiana. Pensar el arbolado público es pensar el presente y el futuro de nuestras comunidades.
Antonela Válvoli








