A pesar de las campañas de concientización y el endurecimiento de las medidas de control, la pirotecnia volvió a hacerse sentir durante la celebración de Año Nuevo. En distintos puntos de la ciudad, vecinos denunciaron que la ordenanza vigente no fue respetada y que se registró un uso excesivo de fuegos artificiales sonoros, los cuales afectan especialmente a niños dentro del espectro autista, mascotas y personas con hipersensibilidad auditiva.

Esta situación pone de manifiesto que se trata de una problemática que, para muchos, resulta sumamente nociva y que requiere un abordaje con mayor previsión, ya que la sola prohibición no alcanza. Se trata de un cambio cultural que necesita tiempo para consolidarse y generar la sensibilización necesaria, además de promover alternativas que permitan celebrar sin afectar la convivencia ni el bienestar de los demás.
A esta altura, después de la polémica que se ha generado, ya se trata de una deuda social que persiste, y que deberá debatirse con tiempo, abriendo el diálogo y discutiendo distintas posibilidades, para que no sea un tema que aparezca cada fin de año, con las Fiestas, poniendo en tensión la convivencia. Evidentemente, hay un debate más profundo pendiente.
A.V.







