Una voz autorizada como la de Mirta Santucci, miembro del Movimiento por el Patrimonio Cultural de Chivilcoy (MOACH), reflexionó sobre las demoliciones que atentan contra la conservación del patrimonio cultural de la ciudad: «la piqueta avanza, y con cada pared que cae, se borra una parte de nuestra historia», dijo.
La especialista alertó sobre “ola demoledora», el cual no es un fenómeno nuevo en la ciudad, pero sí cada vez más acelerado. Según explicó, «el crecimiento urbano, el auge inmobiliario y la falta de políticas claras de protección patrimonial están transformando el paisaje del casco histórico sin retorno». No se trata de oponerse al desarrollo: se trata de pensar una ciudad que avance sin olvidar su pasado, que se modernice sin borrarse.
Frente a una fachada del siglo XIX que podría salvarse, Santucci plantea el deseo de que arquitectos, funcionarios y concejales locales actúen con creatividad y responsabilidad. Que no se pierda todo por la falta de planificación o de voluntad política.
El Código Urbanístico vigente desde 2024 establece, en uno de sus objetivos centrales, que “la preservación del patrimonio cultural de una comunidad constituye un elemento orientado al logro de una identidad local”. El problema es que aún se esperan acciones concretas: terminar de catalogar el casco histórico, sancionar normas de protección y, sobre todo, aplicarlas.

Chivilcoy cuenta con cuatro bienes históricos nacionales en apenas unas cuadras: la Plaza 25 de Mayo, el Monumento a Pellegrini, la Iglesia Nuestra Señora del Rosario y el Palacio Municipal. ¿No merece entonces un cuidado especial ese entorno que define el alma de la ciudad?
«Cuando el Estado permite destruir lo que debería proteger, no sólo perdemos un edificio: perdemos memoria, identidad y responsabilidad pública», aseguro y agregó que «si aceptamos que continúe la destrucción por desidia o conveniencia, de nuestra riqueza cultural solo quedarán fotos viejas y relatos».
«Si como comunidad seguimos aceptando la pérdida de nuestro patrimonio por desidia o conveniencia, lo único que quedará serán fotos antiguas y relatos nostálgicos», cerró.
El tiempo de actuar es ahora. Antes de que no quede nada.
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